Resultado de ritidoplastia: Paciente de Florida en Medellín

Testimonio Ritidoplastia- Dr. David Delgado

Recibí a una paciente colombiana residente en Florida que llevaba tiempo buscando un resultado de ritidoplastia que se viera natural: no “cambiarse la cara”, sino recuperar una versión más descansada y coherente con cómo se sentía por dentro. Antes de llegar a mi consulta, había valorado opciones en Estados Unidos, pero no encontró esa confianza que, en cirugía facial, para mí es imprescindible: entender el plan, sentir claridad en cada paso y saber que el proceso no termina en el quirófano, sino que continúa con acompañamiento real durante la recuperación.

En este artículo voy a contarte su caso desde mi experiencia clínica: cómo se tomó la decisión, qué evalué en la valoración, cómo planteamos el procedimiento y qué hace que un resultado se vea armónico a medida que pasan las semanas. Y, aunque esta historia es muy bonita por lo que ella vivió y por cómo evolucionó, siempre lo aclaro: cada rostro tiene necesidades distintas, por eso el plan correcto se define en una valoración personalizada, con expectativas realistas y un enfoque médico responsable.

De la búsqueda a la certeza: el momento en que decidió operarse conmigo

Cuando nos sentamos a hablar, lo primero que me compartió fue su recorrido: había investigado a fondo, incluso consultó con tres médicos en Estados Unidos, pero algo no terminaba de encajar. No era un tema “técnico” solamente; era la sensación de no estar completamente segura para dar un paso tan importante en su rostro.

Ahí es donde yo, como cirujano, pongo especial atención. Porque muchas veces el paciente ya tiene la decisión emocional tomada (quiere verse mejor), pero aún necesita certeza clínica: entender qué se va a hacer, por qué se hace así, y cómo se acompaña el proceso.

No me generaron la confianza que yo quería sentir para este tipo de cirugía”.

Lo que significa “confianza” para mí antes de una cirugía facial

La confianza, en mi práctica, no es una frase bonita. Es un estándar que se construye con acciones concretas y que el paciente percibe desde el primer contacto hasta el seguimiento. Para mí se sostiene en cuatro pilares:

1) Claridad (sin promesas irreales)

• Explicar el plan quirúrgico con lenguaje comprensible, sin adornos.
• Hablar de tiempos reales: qué se ve pronto, qué mejora con las semanas y qué requiere paciencia.
• Alinear expectativas: un buen resultado es natural, armónico y coherente con el rostro del paciente.

2) Seguridad (protocolos y criterio médico)

• Evaluación completa antes de indicar cualquier procedimiento.
• Decisiones basadas en anatomía, calidad de tejidos y necesidades reales, no en “tendencias”.
• Prioridad absoluta: operar cuando es el momento correcto y con un plan correcto.

3) Acompañamiento (antes, durante y después)

• La cirugía es un punto dentro del proceso, no el final.
• Indicación clara de cuidados, controles y seguimiento cercano.
• Presencia del equipo para resolver dudas y guiar cada fase.

4) Confianza humana (la tranquilidad también es parte del tratamiento)

• El paciente debe sentir que puede preguntar todo.
• Debe sentir que lo escuchan, que lo entienden y que su historia importa.
• Y, sobre todo, que su decisión se respeta: sin presión, con información.

¿Por qué esta parte del testimonio es tan poderosa?

En cirugía facial, la confianza no es “un plus”: es la base que sostiene todo lo demás. Por eso este caso me gusta contarlo. Porque su historia no empieza en el quirófano; empieza cuando una paciente decide dejar de buscar “opiniones” y encontrar un equipo que le dé tranquilidad, método y seguimiento. Y ahí, recién ahí, el proceso puede hacerse bien.

La consulta: así definimos el resultado que ella quería (sin perder su esencia)

Cuando hago una valoración para ritidoplastia, no empiezo hablando de “arrugas”. Empiezo entendiendo el rostro como un todo, porque el objetivo real es armonizar y rejuvenecer sin alterar la identidad. En su caso, mi evaluación se enfocó en:

Armonía y proporciones faciales

• Cómo se relacionan pómulos, mandíbula y cuello en reposo y en movimiento.
• Qué rasgos definen su expresión natural (lo que no debemos “borrar”).

Flacidez y calidad de los tejidos

• Grado de descolgamiento en tercio medio y línea mandibular.
• Calidad de piel: elasticidad, grosor, textura y capacidad de recuperación.

Contorno y transición hacia el cuello

• Definición de la mandíbula y ángulo cervicofacial (cuando aplica).
• Cómo envejecen esas zonas en su anatomía específica, no en general.

Mi regla en consulta es simple: antes de proponer una cirugía, debo tener claro qué está causando el “aspecto cansado” y qué intervención lo corrige de forma natural.

Lo que conversamos: rejuvenecer sí, cambiar su identidad no

En esa conversación quedó muy claro lo que ella buscaba. No quería “otra cara”, ni verse estirada; quería verse como se siente internamente: segura, vital, y con una imagen más coherente con su energía. Por eso, más que prometer un cambio “dramático”, definimos objetivos clínicos y estéticos realistas:

Objetivo 1: Un rostro más descansado

• Recuperar frescura sin perder expresividad.
• Evitar que el resultado se vea rígido o artificial.

Objetivo 2: Verse más juvenil, pero reconocible

• Rejuvenecer sin alterar rasgos que la identifican.
• Mantener naturalidad en gestos y sonrisa.

Objetivo 3: Un proceso que se sienta acompañado

• Entender tiempos de recuperación y evolución.
• Saber que el seguimiento forma parte del resultado.

¿Qué significa, en la práctica, un resultado de ritidoplastia?

Aquí es donde me gusta ser muy claro: un resultado de ritidoplastia bien logrado no es solo “tensión” o “piel más lisa”. Para mí, se define por tres criterios:

Evolución progresiva

El cambio no aparece de un día para otro: se construye con el paso de las semanas, a medida que bajan la inflamación y los tejidos se acomodan. Por eso, desde la consulta, dejamos claro que el resultado se evalúa por etapas y con expectativas realistas, no por ansiedad ni por comparaciones.

Antes de la cirugía: cuando la información y el equipo te devuelven la calma

En cirugía facial, la ansiedad casi siempre nace de lo mismo: no saber qué viene después. Por eso, desde el primer contacto, mi equipo y yo trabajamos para que el paciente tenga un mapa claro del proceso. En su caso, ese acompañamiento comenzó incluso antes de vernos en persona.

1) Primer contacto por WhatsApp

• Resolvimos dudas iniciales con información concreta (sin generalidades).
• Explicamos cómo es la consulta, qué se evalúa y qué documentación se necesita.
• Organizamos el paso a paso para que no sintiera que “estaba improvisando” una decisión importante.

2) Agenda y preparación para la valoración

• Indicaciones claras previas a la cita para aprovechar el tiempo al máximo.
• Espacio para preguntas reales: expectativas, temores, tiempos de recuperación y logística (más aun siendo paciente internacional).

3) Transparencia desde el inicio

• Lo que se puede lograr y lo que no.
• Qué depende de la cirugía y qué depende del cuidado posterior.
• Qué tiempos son razonables para evaluar un resultado.

Conocer el lugar también hace parte del tratamiento

Muchas personas subestiman este punto, pero yo lo veo en consulta todo el tiempo: cuando un paciente conoce el entorno, el equipo y las instalaciones, baja la tensión y aumenta la confianza. Y eso no es “solo emocional”; influye en cómo vive el proceso completo.

En su testimonio, ella fue muy clara al describir ese momento en el que todo hizo clic. No fue únicamente mi explicación médica: fue el conjunto personal, orden, cuidado, ambiente, logística lo que la hizo sentir que estaba en el lugar correcto.

Desde el primer día que vine y conocí todo el personal… dije: este es el lugar donde yo quiero hacerme la cirugía”.

Agenda tu valoración personalizada conmigo, el Dr. David Delgado, y conversemos con calma sobre tu caso: qué puedes esperar de un resultado de ritidoplastia, cómo sería tu plan y cuáles son los tiempos reales de recuperación.

Después de la cirugía: lo que yo observé en su evolución (y lo que ella sintió)

La primera noche es una parte clave del posoperatorio, no porque sea “la más difícil”, sino porque define cómo el paciente atraviesa el inicio de la recuperación. En mi práctica, esa etapa se centra en tres objetivos: control, calma y acompañamiento.

Lo que priorizamos en esas primeras horas

Ella lo describió con una frase que resume muy bien esa experiencia:

El lugar donde pasé la primera noche fue un VIP completamente. El servicio, excelente”.

El seguimiento: el resultado se construye también en los controles

Siempre lo digo: la cirugía es un momento, pero el resultado es un proceso. Por eso, después de una ritidoplastia, el seguimiento no es un trámite; es parte del tratamiento. En su caso, realizamos controles y guía paso a paso, no solo para “revisar”, sino para acompañar la evolución real del rostro.

¿Qué medimos y revisamos en el seguimiento?

A 1 mes y medio: un cambio visible, pero todavía en evolución

Cuando una paciente me dice que se siente “más juvenil” y, al mismo tiempo, se reconoce en el espejo, sé que vamos por buen camino. A 1 mes y medio, en muchos casos ya hay un cambio que se disfruta, pero todavía estamos dentro de una fase en la que el rostro sigue ajustándose y definiéndose.

Por eso, conecto mucho con lo que ella expresó: no solo habló de estética, habló de identidad. Dijo que sus expectativas se superaron y que buscaba verse como se siente por dentro. Ese es, para mí, el mejor indicador de un buen proceso: un resultado que se ve natural se siente propio y mejora progresivamente con el paso de las semanas.

Mis expectativas… se superaron… me veo mucho más juvenil”.

Resultados: ¿Cómo evalúo un resultado de ritidoplastia?

En consulta siempre lo explico así: un resultado de ritidoplastia no se mide solo por “verse más estirado”, sino por tres señales claras. La primera es naturalidad, que puedas verte más descansada sin perder tu expresión. La segunda es equilibrio, que el cambio se note en el conjunto del rostro y no en un solo punto. Y la tercera es evolución progresiva, porque a las 6 semanas ya hay una mejoría visible, pero el rostro sigue refinándose a medida que los tejidos se acomodan y la inflamación termina de ceder. Por eso, cuando reviso a una paciente como este caso (a mes y medio), busco que se vea más juvenil, sí, pero sobre todo que se vea ella: más fresca, más armónica y con un resultado que se sienta propio.

Qué suele notarse a 4–6 semanas (en términos generales)

¿Por qué soy una opción confiable para tu ritidoplastia?

En mi práctica, la ritidoplastia no se trata de “estirar” un rostro, sino de devolverle armonía con un enfoque natural y seguro, respetando lo que hace único a cada paciente. Por eso mi filosofía es clara: no trabajo con “caras estándar”, sino con planes individualizados que parten de una valoración completa y de objetivos realistas. Me gusta explicar con honestidad qué se puede lograr, cómo evoluciona el resultado con el paso de las semanas y qué cuidados son esenciales para sostenerlo, porque la tranquilidad también nace de entender el proceso.

Además, para mí el acompañamiento no es un discurso: es seguimiento antes, durante y después, con un equipo preparado y controles que guían cada etapa de la recuperación. Y algo que también aporta mucha confianza es el entorno: atiendo en Medellín, en la Torre Médica Oviedo, un lugar pensado para la atención en salud, donde el paciente encuentra un equipo organizado, una experiencia cuidada y un proceso bien coordinado. Si vives fuera de Colombia, coordinamos todo con comunicación clara y continuidad en el control, para que puedas vivir tu cirugía con confianza, orden y cercanía, incluso a la distancia. 

Preguntas frecuentes sobre resultado de ritidoplastia

En general, los cambios se notan desde las primeras semanas, pero el resultado se va refinando de forma progresiva. A medida que baja la inflamación y los tejidos se acomodan, el rostro se ve más natural y armónico. Por eso, aunque a 4–6 semanas muchas personas ya se sienten muy bien con su imagen, el aspecto final suele seguir mejorando con el tiempo y con los cuidados indicados.

La naturalidad depende de una buena planificación y de respetar la anatomía del paciente. Mi objetivo no es “estirar” la piel, sino reposicionar y armonizar para que el cambio se vea descansado, juvenil y coherente con tu identidad. Un buen resultado es aquel en el que te ves mejor, pero sigues viéndote tú.

Evalúo el rostro como un todo: armonía, grado de flacidez, contorno mandibular, calidad de piel, proporciones y expectativas. También reviso antecedentes médicos y hábitos que influyen en la recuperación. Con esa información, determino si la ritidoplastia es el procedimiento indicado o si conviene otro enfoque (o una combinación) para lograr un resultado más equilibrado.

No debería “cambiarte” la cara. La idea es rejuvenecer sin alterar tus rasgos característicos ni tu expresión. El enfoque correcto busca recuperar definición y frescura, evitando resultados rígidos o artificiales. Por eso en consulta definimos objetivos realistas y un plan personalizado.

La recuperación es un proceso gradual. En los primeros días es normal sentir inflamación y cierta sensación de tirantez, y por eso damos indicaciones claras y programamos controles para guiarte paso a paso. Con el paso de las semanas, el rostro va desinflamando y el resultado se va viendo más natural. Lo más importante es seguir las recomendaciones y asistir a los controles.

Incluye orientación desde el primer contacto, preparación prequirúrgica, instrucciones claras, seguimiento postoperatorio y controles programados para evaluar tu evolución. Para mí, el resultado no depende solo de la cirugía; también depende de un acompañamiento real y de una recuperación bien guiada.

Las incisiones se planifican para que queden en zonas discretas y se integren de forma natural con el tiempo. En consulta explico dónde irían en tu caso y cómo se cuidan, porque el manejo de la cicatriz es parte del resultado. La evolución depende de tu piel, de los cuidados y de tu proceso de cicatrización.

Depende del tipo de trabajo, tu evolución y cómo responda tu cuerpo en la recuperación. En la mayoría de los casos, se retoman actividades de forma progresiva, siguiendo indicaciones médicas. En consulta te doy una guía estimada y en controles ajustamos según tu progreso real, sin apresurar etapas.

Lo coordinamos con orden y comunicación clara. Podemos iniciar con orientación y planificación, programar tu valoración y cirugía en una ventana de viaje adecuada y dejar definidos los controles necesarios. Mi consulta y atención están en Medellín, en la Torre Médica Oviedo, y mi equipo acompaña cada paso para que te sientas segura incluso si vienes desde otro país.

Seguir indicaciones postoperatorias, asistir a controles, cuidar hábitos (descanso, alimentación, no fumar si aplica), y proteger la piel. Un resultado natural se construye también en la recuperación: cuando el paciente entiende el proceso y lo acompaña con disciplina, el cambio suele verse más armónico y estable en el tiempo.

Es momento de transformar tu cuerpo

Te invito a a diligenciar este formulario para poder conocer tu caso. De esta manera podré darte una valoración inicial más precisa. En breve nos comunicaremos contigo para realizar el agendamiento de tu cita.

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